Sherpa nace en Madrid (Planeta Tierra) el 22 de Noviembre de 1950, día de Santa Cecilia, patrona de la música (¡qué casualidad! ¡un ragazzo predestinato!) Sus padres, ignorando los pobres que él ya tenía nombre, le bautizaron con el inusual de José Luis, qué se le va a hacer… Dicen los que le vieron nacer que su primer llanto/berrido lo dió en Mi Mayor, acorde que le ha acompañado hasta hoy. Durante su infancia tuvo tres aspiraciones obsesivas: 1º cantar, 2º ser “‘avionero”, o sea piloto de caza, y 3º ser “toreador”, o sea torero. Actualmente se conforma con cantar, y gracias.

A punto de cumplir trece años ingresa en una especie de campo de exterminio llamado I.S. Virgen de la Paloma, y entre hostia que va y hostia que viene, consigue aprender el noble oficio metalúrgico de ‘Ajustador matricero’. Terminada su ‘condena de cinco años y con el título de oficial de primera ya en el cubo de la basura, se matricula durante un tiempo para estudiar bellas artes en la su muy añorada Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de la calle de la Palma, y resulta ser una fiera en la asignatura de modelado (era como Miguel Ángel, pero en bonsai).

 Apremiado por su progenitor para dejar de comer la sopa boba, hace oposiciones a Telefónica y encima va y aprueba. ¡Vaya putada! Escoge como destino un pueblecito desconocido para él pero que le dicen que está cerca de los Pirineos y tiene bonitos montes (él practicaba escalada y montañismo en el club Galayos de Madrid ¿no lo habia dicho ya?). El pueblecito se llama Beasain. Sí, hombre, el de Arguiñano.

Pasa allí siete años, los más felices de su vida según él, y entre idas y venidas a Madrid aprovecha para hacer la mili, obligatoria por aquel entonces, en el Ejército del Aire. Otra vez su pasión por los aviones. Tras terminar su obligación castrense y mandar a tomar por retambufa a su amada Telefónica, se tira a la vida golfante y se sumerge en el mundo de la tarántula, como decía su vecina, yendo de pueblo en pueblo tocando con una orquesta de tios cojonudos llamada Los Cisnes. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Cuánto aprendió de aquellos navarricos de Alsasua! Pero como todo tiene su fin, regresa a Madrid. Y como este chico no para se va de gira tocando el bajo y haciendo un papelito de actor en el musical “Godspell” durante un año. Allí conoce a la buenísima actriz dramática y mejor escritora Carolina Cortés. Por supuesto se enrollan.

Entra a formar parte del mítico Grupo Módulos, al que siempre estará inmensamente agradecido. Se matricula en el Real Conservatorio de Música de Madrid y estudia cinco años de Solfeo, y tan feo, y tres años de contrabajo, y con trabajo. Allí conoce a los Castro Bros. y después de una Coz se montan en un fokker triplano junto al famoso batería Hermes Calabria y le dan duro al Rock duro fundando el famoso Barón Rojo. Giran por medio mundo demostrando a propios y extraños que se puede hacer Rock del bueno cantando en ‘españó’.

Su radiotelegrafista Carolina les envía en pleno vuelo unas letras de puta madre que les facilitan seguir su heroico rumbo. Tras un aterrizaje forzoso del aparato debido a fuego enemigo (y también amigo) decide adentrarse en el desierto en busca de nuevos horizontes. Se dedica a escribir libros (el mítico “Dando La Nota”), pintar cuadros, hacer canciones para variopintos artistas, producciones musicales de todo tipo, músicas para televisión, etc, etc. Pero como todo vuelve a sus orígenes, vuelve a embarcarse, esta vez en un globo, y asciende poco a poco desde el desierto, ya convertido en un guerrero dispuesto a dar la batalla, pero sin estar en las nubes y proclamando que el Rock le mata (de sufrimiento y de placer).

Transcurridos veinte años desde la ruptura de Sherpa con los barones, el sueño se hizo realidad para miles de fans y en 2009 volvieron a subirse juntos al escenario del festival Metalway para poco después retomar el vuelo  y celebrar el 30 aniversario del nacimiento de la banda más enorme que jamás dió el Rock hecho en español.

Sea lo que sea lo que le depare el futuro, Sherpa continúa con sus múltiples proyectos (musicales, literarios, pictóricos…)  haciendo lo que mejor sabe: colmar de felicidad a todos sus seguidores. Long Live Sherpa & Rock N’ Roll!